
Aquí estoy, con cara un tanto rara antendiendo a las enseñanzas de Flavio.
Os lo debía. En el post sobre como conocí a Fernando os dije que os contaría también el día que conocí al gran Flavio. Este post debía haber sido publicado el sábado, pero ocurrió lo que a todos nos pasa mucho en casa ¿Qué exactamente? Pues que fuí a buscar las fotos al lugar donde deberían estar… y claro no estaban. La cosa no ha sido fácil pues he tenido que echar mi cuarto abajo, armario, altillo, cajones, librería… y al final como siempre donde menos te lo esperas, encontrar las fotos. Bueno comencemos.
Me remonto al año nada más y nada menos que 2003. Estaba yo en el aeropuerto de Barajas deambulando por los monitores de salidas para ver en que puerta tocaba embarcar para un vuelo que me llevaría a Filadelfia. En esto que como siempre en mi vida, las cosas me llegan por teléfono. Me llamó mi padre y me dijo que le habían invitado a presenciar el GP de Italia en Monza. El tono de regodeo que puso para ponerme los dientes largos duró tan solo un minuto, pues acabados esos 60 segundos me dijo que yo también podría acudir. Os podeís imaginar lo contento que estaba que cuando en Filadelfia me dijeron que me habían perdido la maleta tampoco me importó demasiado (eso el primer día, que luego tardaron tres en devolvermela). Era julio y el GP en septiembre en concreto el día 13, tensa espera.
La empresa que nos invitó había organizado el viaje de tal manera que salimos el sábado 12 de septiembre. Ya nos diejron que no llegaríamos a la sesión de clasificación y que el plan era un pequeño tour por Milan para conocerlo por la mañana. Estuvo muy agradable, la Escala, El Duomo, El Castillo Sforzecso y acabamos con una comida en la Galería Vitorio Emanuelle justo al lado del Duomo, cuya fachada principal estaba en reparación, una pena. Durante la comida, ya a la altura del postre, comencé a escuchar unos gritos tremendos, un alboroto considerable y todos pensamos en que se debía estar jugando algun partido de futbol ¡¡¡MEEEEEC!!! Error. Nada más asomar la cabeza fuera del restaurante se apreciaba una pantalla gigante en el centro de la Galería Vitorio Emanuelle y allí, frente a esa caja tonta enorme, una masa enfervoreciza vestida de rojo gritaba y se jaleaban entre sí. Mi siguiente mirada fue al monitor donde pude ver un Ferrari pilotado por un tal Michael Schumacher, había conseguido la pole. Pues resulta que en Italia si que se vive esto de las carreras ¡¡que espectáculo!!
Tuvimos la tarde libre y me dediqué a patear con mi padre todo lo que pudimos. Para luego a las 8 acudir a un céntrico restaurante donde tuve sorpresa y de las buenas nuevamente. En mi mesa a mi izquierda estuvo sentado Joaquín Verdegay (Comisario FIA) y pude disfrutar de la cena en modo esponja absorbiendo todo lo que me contaba sobre F1.
Pero llegó el domingo y se quedó muy corto el sábado con lo que iba a ocurrir en unas horas. Para empezar madrugón, a las 8 de la mañana campaba yo a mis anchas por el circuito con la voluntad de recorrermelo entero. En una hora lo conseguí, precioso, rodeado de bosque, todo verde y con un ambiente a las 8 de la mañana digno de verse una atmosfera incomparable. Antes de volver a mi tribuna paré por una tienda histórica que tienen en el circuito, compré un libro sobre la historia del trazado y una réplica del casco del genial Ayrton Senna que anda por mi estantería.
Llegamos a la tribuna y nos reunimos con el resto del personal para una visita organizada al Pit Lane antes de la carrera. Aquí empieza el asunto. El día de la carrera iba yo orgullosamente vestido de Renault. Pero no con una vestimenta cualquiera, sino casualmente exactamente igual que el equipo. Llevaba un polo que me habían conseguido unos amigos que no era de merchandising y ese día me puse unos pantalones tipo “cargo” azules tirando a grises, exactamente igual que los miembros del equipo que no son mecánicos, llevaba también unas botas de piloto que me había comprado para los karts (y que luego se pusieron tan de moda entre la gente de mi edad) que para más potra, chorra y demás sinónimos de suerte eran las mismas que las del equipo Renault. Pues ya teneís a un clon de 17 años miembro del Mild Seven Renault F1 Team.
Durante la visita al Pit Lane enrredé bastante y me gané alguna mirada de esas que matan. Pero no me importó. La visita es de 20 minutos, al final de los cuales 4 hombres del tipo 4×4 arrastran un cordón desde el final del pit lane para ir empujando a la gente y sacarlos del mismo por la parte del principio. Estos “hombrecillos” llegaron a mi altura cuando yo estaba enfrente del box de Renault, en este momento el hombre que estaba acercándose hacia mí se apartó, me dejó detrás suyo y siguió empujando a gente, entre ellos a mi padre.
¡Disimula! Sin quererlo me había quedado en medio del pit-lane, solo y vestido como un miembro del equipo con mil pases colgando del cuello. Decidí echarle morro y me fuí a ver el muro de boxes. Pero no a verlo y ya está, sino a sentarme y ver si podía tocar algo. Pues nada con un par ¿que podía pasar? ¿Que alguién del equipo viniera y me dijera algo? ¡Bah! Bueno pues ahí me teneís sentado, donde solo los elegidos que dirigen un equipo de F1 se pueden sentar. Pantalla por aquí, boton por allí. No os mentiré, solo toque un botón donde ponía TV SIGNAL. Y puse en todos los monitores la señal de circuito cerrado de Monza. En esto que me doy la vuelta para ver si alguén me observaba.
Observar lo que se dice observar, nadie me miraba, por que todo el mundo en el box miraba a Flavio que se dirigía hacia el muro con un hombre enfundado en una chaqueta marrón. Mis opciones en ese momento eran echar a correr y si te he visto no me acuerdo o quedarme y echarle mucho morro. Como os imaginaís la opción 2 fue la que elegí.
Ahí estaba yo, sentado en el muro con todos los monitores mostrando una misma imagen por mi culpa y un Flavio que se acercó y lo primero que dijo fue: ¡buongiorno! Instintivamente me aparté y dejé paso al jefe con su amigo. Flavio vio el estropicio, me miró escudriñandome un poco (¿quién será este?) y acto seguido me presentó a su amigo (del que no me acuerdo su nombre, estaba bastante nervioso), me presenté y le conté que estaba invitado por la empresa X (todo esto en inglés) y dijó conocerla. Sin tiempo a ningún silencio tenso dijo que nos iba a enseñar como funcionaba el muro y todas las pantallas con sus funciones. Asique ahí me teneís de nuevo en modo esponja y machacando a Flavio a preguntas a las que él respondía amablemente. La explicación duró unos 10 minutos. Justo al término, Flavio dijo que nos volvieramos al Motorhome. Con todo el morro del mundo acompañé a Flavio, primero por dentro del box, salimos luego al paddock y acabamos dentro del Motorhome. Como os podeís imaginar andando al lado de Flavio nadie me decía nada, una vez entramos en el Motorhome me invitaron a una tomar algo, yo tomé una Coca-Cola mientras Flavio y su amigo hablaban de sus cosas, la verdad triviales pues hablaban de amistades, de las que no me enteraba de nada. En eso que yo ponía oreja, disfrutaba del momento y estando sentado delante de Flavio veo que este se levanta, me giro y ahí estaba.
Naomi Campbell, por aquel entonces el amigo Flavio andaba enoviado con esta señorita de 1,80 metros. De la que yo solo puedo decir una cosa: ESPECTACULAR, sin más adjetivos. Es la única top-model que he visto en persona y os prometo que en vivo y en directo es impresionante, algo fuera de lo normal. Uno la ha visto, prensa, televisión pero nada que ver, comprendí muy bien el porqué de su sobrenombre de la Diosa de Ébano. Nos presentó, dos besos, encantado y yo que aun no media el 1,80 que mido ahora me ví como un enanito al lado de ella con su 1,80 más tacones de vertigo.
Flavio se despidió y se fue con ella, con lo que yo me despedí también de su amigo que se marchaba para otro lugar, por lo que salí del Motorhome pues sin la presencia de Flavio no me sentía comodo. Tiré de móvil para contarle a mi padre todo lo que había pasado y decirle que andaría por el paddock hasta la comida que teníamos organizada en un restaurante a pie de pit-lane a la 1. Durante mis andares por el paddock lamenté no tener mi cámara que se la había dejado a mi padre, muchas cosas interesantes sin fotografiar. En eso que me crucé con… Ron Dennis y como ya sabreís fue muy desagradable, me lo guardo para otro día y detallar en 5 líneas su mal gesto.
En eso que llegó la 1, comimos en un restaurante que se encuentra a la salida del pit lane y pudimos mientras comiamos ver como salían los coches antes de la carrera. Con el postre de camino al estómago nos fuimos a la tribuna para presenciar una carrera en donde Marc Gené fue quinto y Fernado octavo. Nada más acabar la carrera y para evitar el riesgo de perder el avión nos lanzamos a la carrera hacia el minibus que nos debía llevar al aeropuerto, para ello decidimos cruzar la pista que se habia abierto para los tifosi. Imposible, se abarrotó de gente en menos de un minuto. Mi padre y yo perdimos a gente del grupo entre la manada de aficionados y hasta que no llegamos al minbus no volvimos a verlos.
Y así sin más que contar, fue el día en el que conocí a Flavio Briatore.

Fue muy amable y una oportunidad única. En esta foto arriba a la izquierda podeís ver los monitores en orden, de ahí mi cara que vi como poco a poco arreglaba mi estropicio.
Han dicho...